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A golpe de tecla
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Dejar de ser

21 de mayo de 2010

 


A golpes de tecla 

 

Jorge Macías

 

“En política siempre hay que estar preparados para ser, para no ser y para dejar de ser”, decía Artemio Iglesias Miramontes, que en paz descanse.

La muerte lo sorprendió siendo el delegado del PRI en el municipio de Nuevo Casas Grandes. Un ataque al corazón terminó con la sentencia, “dejar de ser”.

Pero un hombre de quien se cuentan historias, no deja de ser nunca, pasa a ser uno de esos seres que nunca mueren, que siempre son.

La muerte pues, pasa a ser algo natural en la vida de los hombres.

Durante una tertulia decía mi amigo Fernando Herrera que habiéndose creado a los hombres a imagen y semejanza de Dios, además del libre albedrió que nos distingue de los animales, Dios nos dio la muerte, como paso obligado para arribar al más allá.

De ser inmortales los seres humanos en este mundo, continúa diciendo Fernando Herrera, los hombres pasaríamos de ser imagen y semejantes a Dios, a ser dioses. Y eso como que no estaba en el plan divino, pues.

Por ello, la muerte es un paso obligado en esta vida que nos ve nacer, reproducirnos, trascender y terminar el ciclo.

No soy filósofo ni tengo la menor intención de hablar ex cátedra, sobre este tema tan difícil hoy en día, cuando los seres humanos hemos entrado en una época de desprecio a la vida.

Artemio Iglesias pasó por el mundo haciendo cosas, trascendiendo, dejando una escuela en Chihuahua sobre lo que todavía muchos dicen eran mapacherías electorales, otros lo llaman ahora ingeniería electoral.

Sus enseñanzas sobre como sacar el mejor provecho a la información en materia de preferencias electorales, y la constancia del elector en ir una vez si y otra no a votar, le dieron al PRI de Chihuahua un estatus a nivel nacional, incluso patentándose la frase de “chihuahuanizar México”.

Alumnos destacados de Artemio Iglesias en esta nueva ciencia, recorrieron el país, dejando patente el desarrollo científico de la materia electoral.

Tan avezados eran los conocimientos y los adelantos en esta materia dentro del PRI, que de otros países llegaron a México a conocer los secretos electorales que permitieron al priísmo permanecer 70 años en el poder.

Ahora la vida cobra factura en el nativo de Rubio, y nos deja espacio para escribir sobre algunos de sus rasgos distintivos: una mente brillante, buen humor, respeto a la palabra empreñada, lealtad en los pactos, visión de largo plazo, trabajo en equipo.

Campeón en los albures desde su paso por la normal rural, nunca dejaba oportunidad de enseñar con sus dichos, fábulas, charras.

También especialista en acomodar refranes, nunca se fue de la boca para enfrentar a sus enemigos. “A puñaladas iguales, llorar es cobardía”, decía jocoso.

“La reversa también es cambio”, dijo cuando el PAN arribó al poder en los ochenta, ondeando la bandera del cambio.

Siempre ganador en las contiendas electorales, le tocó perder la propia cuando disputó la candidatura a la gubernatura del PRI con Patricio Martínez.

“Los votos se cuentan, no se litigan”, dijo Artemio Iglesias a sus seguidores que amenazaban llevar a las comisión de procesos internos el apoyo que dio Ernesto Zedillo de manera descarada en favor del Pat, marcando la tradicional cargada.

Ahora muchos de sus amigos recordarán que “es necesario pagar la peonada” que en muchas ocasiones le tocó encabezar a Artemio en favor de esos amigos.

No digo más, los recuerdos se agolpan y sería difícil escribir una biografía en tan breve espacio.

Terminaré diciendo que como reportero de la fuente política me divertí mucho con ocurrencias esas que le achacaban a Artemio cada vez que pasaba algo novedoso en los comicios, como ese peregrinar de los electores que buscaban su nombre de casilla en casilla sin encontrarse nunca, bautizado como “el ratón loco”. ¿Remember?

En fin, hoy solicitaré mi café, negro como siempre, tibio como siempre, con dos cucharadas de azúcar como siempre, para no tener que soplarle como siempre, y hurgando en mis archivos buscaré esas frases de Artemio tan suyas, como esa de “ya no digan que me extrañan…, ya me fui”.